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Organización del tiempo y memoria

Muchas veces tenemos la sensación de tener muchas tareas que hacer y de que no paramos en todo el día, pero aun así tenemos un sentimiento de que no avanzamos. Para mejorar esta situación podemos aprender a gestionar nuestro tiempo y organizar las actividades diarias.

Cuando no existe una buena gestión del tiempo, aumenta el estrés, el cual afecta a algunos procesos cognitivos como a la memoria.

La memoria es la capacidad de retener información y evocar eventos del pasado, mediante procesos neurobiológicos de almacenamiento y de recuperación de la información y es básica para los procesos de aprendizaje y pensamiento.

Pero, la memoria, al contrario de lo que muchas veces pensamos, no existe para recordar únicamente lo que nosotros/as queremos, también se encarga de recordar lo que nos dicen los demás, las rutinas (tareas de la casa, del trabajo, de los estudios…), imprevistos, mensajes que nos llegan a través de la televisión o redes sociales, situaciones, emociones, sensaciones…

En una vida que generalmente se considera “estresante” no podemos depender de que nuestra memoria recuerde todo tal y como queremos. Además, el estrés dificulta este proceso. Los problemas psicológicos de ansiedad o la depresión se relacionan con dificultades en la concentración y la memoria. La incertidumbre y la preocupación son responsables en gran parte de esto.  Por el contrario, mejores estrategias de gestión del tiempo y habilidades de planificación se relacionan con un mayor rendimiento académico y mejor desarrollo de funciones ejecutivas como la memoria a corto plazo (memoria de trabajo).

Aquí te dejo algunas pautas que pueden ayudarte a organizar tus días y tareas enfocadas a liberar un poco de espacio en nuestra memoria:

  1. Apunta lo que tienes que hacer en una agenda. Puede ser en el ordenador, teléfono o en papel. Ve apuntando todo aquello que esté fuera de la rutina (no es necesario que apuntes por ejemplo “lavarme los dientes” ya que es un hábito y es complicado olvidarse de ello). Es más sencillo acordarse de revisar la agenda que acordarse a largo plazo de todas las tareas. Ahora puedes pensar que te acordarás de la cita de la semana que viene, pero conforme pasen los días y tengas la mente en otras cosas, este recuerdo se irá perdiendo, pero si lo tienes apuntado, no es necesario hacer un esfuerzo extra en recordarlo.
  2. Establece metas a largo plazo como “aumentar 5 kilos”, “comer más fruta” o “sacarme las asignaturas que me quedan” y divídelas en tareas pequeñas que sí se pueden ir panificando diariamente “ir 45 minutos al gimnasio”, “comer una manzana” o “estudiar durante 40 minutos una asignatura”, muchas de ellas se convertirán en hábitos y será mucho más sencillo recordarlos con el tiempo.
  3. Planifica y ordena las prioridades día a día. Apuntarnos el tiempo necesario y los pasos para cada tarea nos ayudará a que el estrés disminuya y a que sea más sencilla. Puedes realizar la lista de tareas que hacer al día siguiente un rato antes de ir a dormir, así, el tener todo apuntado, te ayudará a que no le des tantas vueltas cuando te acuestes. Por la mañana revisa tu lista de tareas diarias y ves eliminando aquellas que cumplas.
  4. Empieza por lo más prioritario o en su caso, lo que menos te guste hacer. Es más sencillo recordar lo que te gusta y quitarte aquello que no te apetece lo antes posible hará que tu mente no esté tan dispersa y te ayudará a no procrastinar.
  5. Los descansos son parte de la planificación, así como el ocio.
  6. Realiza una cosa detrás de otra. Si te sientes sobrepasado/a o agobiado/a no añadas tareas a las que ya tienes. Es mejor cumplir con pocos objetivos que tener muchos objetivos y no cumplir ninguno. No siempre podemos con todo.           

Recuerda que, al igual que las personas, nuestro cerebro también necesita descansos y llevar a cabo conductas que te permitan darle un respiro y disminuir todos esos pensamientos que nos producen ansiedad será, a largo plazo, lo que te ayude a mantener un buen rendimiento.

Fuentes:

-Besserra-Lagos, D., Lepe-Martínez, N., & Ramos-Galarza, C. (2018). Las funciones ejecutivas del lóbulo frontal y su asociación con el desempeño académico de estudiantes de nivel superior. Revista ecuatoriana de neurología27(3), 51-56

-Etchepareborda, M. C., & Abad-Mas, L. (2005). Memoria de trabajo en los procesos básicos del aprendizaje. Revista de neurología40(1), 79-83.

-Umerenkova, A. G., & Flores, J. G. (2018). Gestión del tiempo en alumnado universitario con diferentes niveles de rendimiento académico. Educação e Pesquisa44

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