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¿Cuál es nuestro valor?

¿Cuál es nuestro valor? Esta pregunta esta relacionada con el término autoestima, es decir, la forma en que nos valoramos, nos sentimos y nos relacionamos con nosotros/as mismos/as. Este valor no tiene tanto que ver con los éxitos o fracasos reales o con lo que piensen los demás de nosotros/as sino con cómo los interpretamos y sentimos.

Cuando tenemos baja autoestima, tendemos a generalizar más nuestros fracasos y fusionarlos con lo que somos: “Soy inútil, un desastre, no hago nada bien”. Si nos acostumbramos a hablarnos así, empezamos a permitir que las críticas de otras personas nos hagan más daño. Además, podemos empezar a generar dificultades para poner límites. Como no me trato bien, tolero que los demás tampoco lo hagan. Esto nos puede llevar a pensamientos como que nos merecemos lo que nos está pasando y a normalizarlo. Cuando esto se mantiene en el tiempo, empezamos a ver patrones de comportamiento desadaptativos, por ejemplo, con relaciones tóxicas.

Separarnos de nuestros logros, fracasos y de las opiniones de otras personas es lo que nos va a ayudar a tomar perspectiva y valorarnos de una forma menos sesgada, así como a reevaluar nuestros pensamientos, lo cual se asocia con menos emociones negativas. No es lo mismo decir “soy un fracaso” que “he tenido un fracaso”. Al igual que fusionarse con las ideas de éxito nos impide ver errores y mejorar. Hay que entender que los errores, éxitos, críticas y halagos son parte de la vida.

También tendemos a hablarnos de una manera mucho más dura de la que utilizaríamos para hablar con algún ser querido y a generalizar nuestros aspectos negativos. Hablarnos con compasión y amabilidad se asocia con emociones más positivas, y menor riesgo de síntomas depresivos. “Es difícil, pero estás haciendo todo lo que puedes” en vez de “no lo vas a conseguir en la vida” o “no me gusta mi nariz, pero tengo la sonrisa bonita” en vez de “soy horrible”. ¿Te imaginas que un amigo te hablase así?, seguramente te sentaría muy mal, pues para nuestro cuerpo, este tipo de mensajes constantes son igualmente perjudiciales, ¡cuida cómo te hablas!

Tener una baja autoestima también facilita la comparación con los demás. Empieza a compararte contigo mismo/a. Lo que les ocurra a los demás no afecta a tu camino. Compararnos solo en los aspectos que sentimos que tenemos peor no tiene sentido. ¿Te gustaría ser esa otra persona con todo lo que conlleva o solo en lo que ves y las cualidades que crees que tiene? Nadie tiene una vida perfecta.

¿Hoy has conseguido estudiar cinco minutos más, entrenar cinco minutos más, comer algo más sano, beber más agua, decirle algo bonito a otra persona, relacionarte con alguien nuevo o has tenido una idea para tu trabajo…? Entonces, ¡estás mejorando! Enfoca tu atención en crecer y aprender, en sacarte partido, no en los demás.

Otro aspecto importante que se ve perjudicado al tener baja autoestima es la relación con nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo nos permite interactuar con el mundo y con los demás. Empieza a realizar conductas que sean para cuidarlo “ponerse crema, estirar, hacer ejercicio para ser más funcional, comer sano para estar más saludable, dormir bien…”. La comida y el ejercicio no son un premio o un castigo, lo necesitamos para funcionar bien. Cuidamos más un coche (lo llevamos al taller, pintamos, limpiamos…) que del vehículo que nos permite vivir, nuestro cuerpo.

También nos autosaboteamos “como estoy gordo/a no hago deporte y mucho menos me apunto a un gimnasio”, “como soy feo/a no intento ligar porque voy a hacer el ridículo”. La manera más directa de trabajar la autoestima es conseguir pequeños éxitos que nos lleven a creernos capaces en los temas que son importantes para nosotros/as, exponiéndonos de forma gradual. “Si nunca he nadado, no me sentiré capaz de nadar”. Quizás no es necesario tirarse de golpe a la piscina, se puede empezar en una zona poco profunda o con ayuda.

Tener una alta autoestima no implica ser creído o egoísta. Cuando nos queremos y sabemos cómo queremos ser tratados, tratamos a los demás de la misma manera. Además, la opinión de alguien, un éxito o un fracaso deja de cambiar la forma en la que nos valoramos, aprendemos de los demás y mejoran nuestras relaciones sociales y otros ámbitos de nuestra vida.

La mayoría de personas no tienen alta o baja autoestima, esta va variando a lo largo del tiempo. Tener estos aspectos en cuenta puede ayudarte a manejarla. Si te sientes identificado/a con la mayoría de conductas que he descrito y no sabes cómo mejorar, acude a un profesional de la salud mental. Tu valor no depende de las circunstancias o de los demás. Tu valor te lo pones tú.

Fuentes:

Arimitsu, K., & Hofmann, S. G. (2017). Effects of compassionate thinking on negative emotions. Cognition and Emotion31(1), 160-167.

Leary, MR, Tate, EB, Adams, CE, Batts Allen, A. y Hancock, J. (2007). Autocompasión y reacciones ante eventos desagradables de relevancia personal: las implicaciones de tratarse a uno mismo con amabilidad. Revista de personalidad y psicología social , 92 (5), 887.

Naranjo, M. D. C. R., & González, A. C. (2012). Autoestima en la adolescencia: análisis y estrategias de intervención. International Journal of Psychology and Psychological Therapy12(3), 389-404

Kelly, A. C., Zuroff, D. C., & Shapira, L. B. (2009). Soothing oneself and resisting self-attacks: The treatment of two intrapersonal deficits in depression vulnerability. Cognitive Therapy and Research33(3), 301.

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