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Blog de psicología

Conectar con nuestras emociones

Las personas tenemos una serie de emociones básicas y universales: la alegría, tristeza, miedo, ira, asco y la sorpresa. Se trata de reacciones psicofisiológicas que nos dan información relevante para poder sobrevivir y adaptarnos al contexto. TODAS son necesarias.

Tendemos a catalogarlas en positivas, como la alegría, y negativas, como la tristeza o el miedo, porque las segundas suelen producirnos síntomas desagradables, pero, aun así, todas tienen una función concreta en un determinado momento.

Por ejemplo, la alegría nos puede dar motivación y energía para conseguir propósitos; la tristeza suele indicarnos que necesitamos apoyo social o tiempo para asumir un acontecimiento negativo y así, poder continuar con nuestra vida; el miedo nos alerta de un posible peligro y nos ayuda a reaccionar; la ira nos informa de que hay algo que no nos parece correcto o justo y nos ayuda a marcar límites…

Generalmente, no tenemos una relación muy sana con las emociones desagradables. Tendemos a irnos a los extremos, o las ignoramos o les hacemos un caso desmesurado. Queremos que desaparezcan, siendo esto imposible. No se trata de que dejen de existir si no de saber regularlas para utilizarlas a nuestro favor y poder llevar una vida más feliz.

Cuando evitamos o ignoramos una emoción no desaparece, suele ocurrir lo contrario, se expresa como puede (dolor de cabeza o espalda, sarpullidos, ansiedad…) hasta que nos sentimos mucho peor que al principio, aumentando nuestro rechazo por ella. Si en contra, ponemos toda nuestra atención en la emoción y nos preocupamos demasiado, vamos a generalizarla y alargarla en el tiempo; aquí es cuando aparecen emociones secundarias como la culpa o la frustración, que surgen por sentir una emoción primaria “no debería estar triste con todo lo que tengo que hacer” así que, a parte de sentirme mal por el hecho de estar triste, me siento peor por permitirme estar triste.

¿Por qué nos cuesta identificar la emoción que sentimos, analizar qué nos quiere decir y cumplir con su propósito? Principalmente es porque no hemos sido educados para saber hacerlo y no toleramos las emociones negativas.

Seguramente alguna vez has sentido malestar emocional sin ni siquiera saber porqué, agobio, síntomas físicos, necesidad de quedarte en el sofá o de salir corriendo de un lugar… y sin ser muy consciente, has realizado conductas para disminuir esta emoción como comer un kilo de chocolate o de galletas, gritarle a alguien, golpear algo… lo que empeora la situación añadiendo más emociones negativas (nos sentimos mal por todo lo que hemos comido, por haber pagado nuestra rabia con personas a las que queremos…).

No podemos controlar qué emociones sentimos, pero sí las podemos regular en sus componentes. La regulación emocional se ha vinculado a resultados positivos de salud mental, satisfacción laboral y con las relaciones sociales, pero, la desregulación emocional puede ser un factor de riesgo para el desarrollo problemas de ansiedad

El primer paso para empezar a conectar con nuestras emociones y sacarles partido es ser consciente de ellas, observándolas y sabiéndolas identificar, poniéndoles “nombre”. Si no sabemos qué emoción es, a qué se debe y qué nos está diciendo no tendremos la capacidad de regularla.

El segundo paso es descomponer cómo sentimos las emociones en sus tres componentes: fisiológico ¿qué me dice mi cuerpo?: palpitaciones, dificultad para respirar…; cognitivo ¿qué me dice mi mente?: qué pensamientos tengo, “esto es peligro para mí”, “todo va genial” … y el conductual, ¿cómo reacciono?, salgo corriendo, lloro, río…

Esto también nos ayudará a empatizar con los demás, compartamos o no la razón por la que se sienten de una determinada forma.

Una vez identificada la emoción y sus componentes, el siguiente paso sería conocer que nos ha llevado a sentirnos así… ¿ha sido un comentario que se nos ha quedado dando vueltas en la cabeza?, ¿ha sido un pensamiento?, ¿ha sido una noticia?… ¿qué función tiene esa emoción que se ha producido a raíz de esa situación?, no nos sentimos “así y ya está”, conócete y busca porqué te sientes así.

Por último, actúa. Si estas triste y lo que necesitas es apoyo social, búscalo. Si lo que necesitas es tiempo para asumir una situación, dedícale un tiempo a ello, no empieces a llenar tu día de tareas que lo único que hacen es prolongar la necesidad, si lo que necesitas es llorar, llora, que para eso tenemos la capacidad de hacerlo.

Aceptar las emociones negativas, verlas parte de nuestro funcionamiento normal es lo que hará que podamos encontrar estrategias para regularlas, para que no persistan más de lo necesario.

El problema viene cuando llevamos mucho tiempo que, por las situaciones que hemos vivido, hemos generado una mala relación con las emociones y estas se mantienen en el tiempo más de lo necesario. Si es tu caso, acudir a un profesional de la salud mental te ayudará a tener estrategias adaptadas que te permitan cambiar la forma de experimentarlas en sus componentes, dejando más espacio a tener emociones positivas.

Al final, las emociones nos hacen sentir vivos y permitirnos conectar con nuestras emociones, es un paso más, para permitirnos experimentar la vida plenamente.

Fuentes:

-Koole, S. L. (2009). The psychology of emotion regulation: An integrative review. Cognition and emotion23(1), 4-41.

-Schneider, R. L., Arch, J. J., Landy, L. N., & Hankin, B. L. (2018). The longitudinal effect of emotion regulation strategies on anxiety levels in children and adolescents. Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology47(6), 978-991.

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